martes, 28 de agosto de 2007
domingo, 12 de agosto de 2007
Las Naciones Unidas: orígenes de una institución de otros tiempos
Desde la óptica del liberalismo occidental, se veían dos enemigos. El más acérrimo y peligroso, el Nacionalsocialismo era un enemigo seguro, pero estaba en decadencia. El otro era el Comunismo, un amigo coyuntural, pero un enemigo posible y una potencia en auge.
Por un lado, la guerra no estaba terminada. La victoria era inminente, y el vertiginoso avance aliado por todos los frentes frustraba cualquier esperanza del Reich; pero también es cierto que el Fürer celebraba su cumpleaños en Berlín cuando los representantes de los cincuenta aliados llegaban a California para negociar las bases de la Organización de las Naciones Unidas. La Alemania Nazi no había caído totalmente y su derrota era ineludible. Por otra parte, los pronósticos de una victoria definitiva no eran tan optimistas como los informes militares, pues no se limitaban a analizar las batallas, sino la realidad de una guerra ideológica que se debía vencer en los campos y con el tiempo en los corazones de los enemigos, para no permitir que el resentimiento, tal como sucediera tras el “Diktat” de Versalles, actuara como caldo de cultivo para el resurgimiento del fascismo en un pueblo profundamente adoctrinado. Aún derrotados los ejércitos del III Reich la guerra no terminaría hasta, al menos, juzgar a sus jerarcas, ocupar su territorio y democratizar a su pueblo.
Por otro lado, la guerra con el Japón no se definió hasta casi seis meses después de firmada la Carta de San Francisco (26 de junio de 1945). Durante las negociaciones Hirohito no se encontraba tan atrincherado como su par alemán, y continuaba siendo una amenaza latente para China, la Unión Soviética y los Estados Unidos.
Sin embargo, durante los primeros meses de 1945 la guerra no era la única preocupación de los Aliados, como sí lo era para el Eje. Adoptando una visión más optimista respecto a la guerra, Berlín estaba sitiada, Europa liberada y la caída del régimen Nazi era prácticamente un hecho. Ahora se debía ver hacia el futuro.
El saldo de la II Guerra Mundial dejaba como gran perdedora a Europa, y alzaba a las dos potencias que marcarían el ritmo del resto del Siglo XX. La Guerra Fría que había germinado durante la gran conflagración y comenzaría a ser más evidente después de Potsdam, ya se evidenciaba con creces en los medios diplomáticos de la época y sin lugar a dudas fue un tema central en los debates de San Francisco.
Únicamente a la luz de una confrontación bipolar previsible entre el oriente comunista y el occidente capitalista se pueden entender políticas tales como la división de los frentes que resultó de la Conferencia de Teherán o el desastre de Hiroshima y Nagasaki, donde los pilotos del Enola Gay no ganan la guerra del Pacífico sin dejar de enviar un claro mensaje de advertencia a Moscú. A la altura de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas, la bipolaridad era un claro tema de debate.
Estos dos escenarios, la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, actúan como un molde en el cual cualquier organización que hubiera sido creada debía encajar.
Existían entonces dos objetivos realistas en los cuales se basaron los diplomáticos y juristas internacionales de mediados del siglo pasado para determinar la estructura de la organización. En primer lugar, terminar definitivamente con la guerra, evitando cualquier levantamiento armado o resurgimiento de ideologías o líderes filo-fascistas. En segundo lugar, evitar la posibilidad de un enfrentamiento armado entre las potencias vencedoras, léase los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Adoptando el punto de vista que subyace al primer objetivo, debe entenderse a las Naciones Unidas como un desenlace de la Segunda Guerra Mundial y fundamentalmente como un instrumento para evitar su repetición. Los cinco miembros permanentes no son las cinco mayores potencias económicas o militares de la época, pues estas categorizaciones excluirían a China y Francia en el primer caso y al menos a Francia en el segundo, sino los cinco aliados más involucrados en la guerra, lo cual comprueba esta visión de la ONU como una organización que en lo militar (el Consejo de Seguridad) fue creada para actuar como un centro de mando aliado y como tal fue aceptado por los otros Estados Miembros aunque el tiempo haya atenuado esta visión.
Los tiempos han cambiado, las preocupaciones son otras, las fuerzas políticas internacionales ya no se acomodan como entonces, la Guerra Fría forma parte de un pasado ya lejano.
¿Es necesaria una reforma? Evidentemente sí. Nada evidencia más esta realidad que el conocimiento de las circunstancias históricas en que este organismo vio la luz.
Luis Leandro Schenoni
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4:20 p. m.
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viernes, 3 de agosto de 2007
Cambia, todo cambia…
Hoy, ante la revisión de la Ley Cafiero y los cuestionamientos del macrismo, para los miembros del gabinete (llámese los Fernández y compañía), el Congreso “tiene vida propia y no está a voluntad del Ejecutivo”.
Definitivamente, estamos ingresando en la profundización del cambio. ¡Bienvenido sea!
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12:49 a. m.
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Último momento: este blog no ha muerto
Nuestros representantes no dejan de sorprendernos por sus ocurrencias. En esta oportunidad, el diputado José Ricardo Mongeló, de la provincia del Chaco, presentó un proyecto de ley para reemplazar la imagen de Julio A. Roca por la de Juan José Castelli en el billete de 100 pesos, y en el reverso del billete, reemplazar la imagen de la conquista del desierto por una imagen evocativa de las islas Malvinas.
En los fundamentos del proyecto, Mongeló califica la conquista del desierto como una empresa de criminal exterminio, a los indios como los primeros desaparecidos de la historia argentina, y hasta evoca una denuncia por corrupción contra Roca, al encargar un cuadro a Juan Manuel Blanes, financiado por los dineros públicos.
El mismo diputado propuso anteriormente el cambio de denominación del “Pasaje de Drake” por el de “Mar de Piedra Buena”, por el simple hecho que Drake era un pirata.

El gran José Mongeló
Más allá de la discusión de los hechos históricos, de la figura de Roca, Drake, Castelli y lo que significó la conquista del desierto, Mongeló es parte de una corriente que se multiplicó en los últimos años que es el revisionismo Pigna, muy alejado del revisionismo histórico que representaron, entre otros, Ernesto Palacio y Adolfo Saldías. El revisionismo a lo Pigna, berreta, superficial, cuyo principal objetivo es producir best-sellers, propone- entre otras cosas- que la figura de los ñoquis no se inició con el gobierno de Menem, sino con Santiago de Liniers.
Que nuestro Presidente intente revisar lo que aconteció en la década del 70 es aceptable, más allá de la forma en que se encare la revisión que es objeto de discusión. Pero, esta manía de cuestionar absolutamente todos los hechos y símbolos de nuestra historia es insoportable y ridícula. Es probable que un día se cuestione el origen del nombre de nuestro país, y Pigna proponga la nueva denominación de República Moreno (en honor a Mariano, no a Guillermo, el comisario de los precios).
Y, en todo caso, si te propones revisar la historia Mongeló, hacelo con un poquito más de clase: los fundamentos del proyecto de ley tienen errores de ortografía, y gruesos errores históricos, como afirmar que Roca abandonó la Presidencia en 1896. No te cobran por usar el corrector de Word y buscar en Wikipedia. ¡Son herramientas básicas en la vida de todo legislador!
Un buen desempeño legislativo no es sinónimo de presentar la mayor cantidad de proyectos de ley, resoluciones, dictámenes, etc. Entre otras cosas, los legisladores –como Mongeló- deberían ejercer la función de control sobre ciertos actos del Poder Ejecutivo actual, y no sobre los actos de una persona que tan solo 100 años atrás abandonó la Presidencia.
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12:47 a. m.
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lunes, 18 de junio de 2007
La nueva política

Foto tomada en 1989: firma del acuerdo entre el Municipio de Morón y SOCMA para la construcción de una red de cloacas. El de la izquierda es el Intendente Rousselot y el de la derecha es… ¡¡¡Mauricio (Macri)!!!.
Un abrazo.
Emilio P. Camporini
PD: Sabattella es un tipo querido por la gente de Morón, porque más o menos hace algo para no ser odiado. Es del PC. Efecto Rousselot – Macri. ¿Futuro de la Ciudad de Buenos Aires en menos de una década? Para pensar.
PD2: Por supuesto que lo de Morón es sólo una anécdota, de las tantas que jalonan el prontuario de Macri, perdón, “Mauricio”. Es interesante escuchar a los legisladores y funcionarios involucrados en el affaire del Correo Argentino contar cómo Mauricio (Macri) fue el principal lobbista de su padre (aunque, por supuesto, él no tiene “nada que ver” con las empresas de Franco).
PD3: Y lo mejor de todo: ¡¡¡Macri todavía no empezó a hacer política!!! Estamos al horno… en realidad, seguimos en el horno, pero le subieron la temperatura.
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11:01 p. m.
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miércoles, 13 de junio de 2007
En campaña
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viernes, 8 de junio de 2007
Cultura del Ahorro
Argentinos:
Tuve la grata sorpresa de haber visto el aviso publicitario de los Supermercados Plaza Vea que alienta a ahorrar en vez de gastar. Su idea es simple y clara: ahorrar le permite utilizar lo que le sobra en algo que de lo contrario no se podría haber conseguido, disfrutándolo más que si se hubiese adquirido en forma inmediata. Esta idea es totalmente contraria a la nefasta publicidad que realizan tanto Visa (“la vida es ahora” y “porque vivís en este mundo necesitás Visa”), como el Banco Galicia con su Crédito 24 hs. (“lo vas a tener tan rápido que no vas a tener tiempo de desearlo”) o el Banco Santander Río con su Super Préstamo 1000/30 (“no dejes para más adelante lo que puedas hacer hoy”) entre otras empresas. Si bien defiendo los intereses de las empresas por buscar mayores ventas y ganancias, creo que tengo el derecho y la obligación de intentar construir una mejor sociedad donde mancomunadamente se busque el Bien Común privilegiando el ahorro, la estabilidad económica, la independencia financiera, la tranquilidad que da la previsión, en lugar de la exacerbación del consumismo individualista y postmodernista.
Felicito a quienes crearon la publicidad y aliento a quienes opinen en concordancia, que difundan la diferencia entre el ahorro y el consumismo, que no sólo trae ventajas económicas: mayor cantidad de capitales para el otorgamiento de créditos en bienes de capital que generan un crecimiento genuino y sustentable de la economía entre tantos otros; sino que también cambia la vorágine de necesidades creadas de la actualidad, por una cultura como la que hizo una vez grande a la Argentina.
Milan C. Jelic
milan@jelic.com.ar
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1:02 a. m.
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martes, 5 de junio de 2007
Un capo
"La sociedad es bien de derecha, bien conservadora; si los políticos creen que van a ganar con los Derechos Humanos están equivocados."
No me considero de derecha -tampoco de izquierda-, pero definitivamente me encuentro lejos de aquélla si sigue realmente el razonamiento que se desprende de esta declaración: la derecha desprecia los Derechos Humanos.
No sólo prioriza otras cuestiones, sino que los relega en busca de otros fines.
Ya fueron muchos los años en los que nuestra sociedad fue víctima (?) de duros enfrentamientos que derramaron mucha sangre por derivados de este tema.
Identificar a Kirchner con los Derechos Humanos es una actitud propia de una persona obtusa que cree que para solucionar los problemas de seguridad lo más fácil sería urbanizar las villas, construyendo no casas, sino directamente cárceles, y que queden todos los negros ahí adentro.
Creo que por ese lado viene. Nuestro presidente se vanagloria de ser un defensor de los Derechos Humanos por bajar un par de cuadros de la ESMA rodeado de cámaras. Y lo grave se produce si la gente de derecha le cree. Entonces claro, esta gente no priorizará los Derechos Humanos.
En estas cuestiones se encuentra (o debe encontrarse) superada la dialéctica derecha-izquierda. Los Derechos Humanos van más allá de estas problemáticas cuasi coyunturales.
Ah, la cita es de una entrevista realizada a Luis Abelardo Patti.
Gino Aquino
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5:16 p. m.
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Jorge Sobisch
Mauricio Macri
